Manifiesto feminista en apoyo a los derechos de lxs trabajadorxs sexuales

Por favor inicie el manifiesto aquí.

Como firmantes de este manifiesto, expresamos nuestro apoyo a la autodeterminación de lxs trabajadorxs sexuales y al reconocimiento del trabajo sexual como trabajo. En toda Europa y Asia central, los derechos de las mujeres, los derechos reproductivos y la igualdad de género se ven amenazados, es en este marco, que nos solidarizamos con lxs trabajadorxs sexuales, que se enfrentan a múltiples formas de violencia: desde la estructural e institucional a la física e interpersonal. Con el objetivo de abordar la opresión sistemática a la que se enfrentan lxs trabajadorxs sexuales, pedimos a todas las feministas que concentren sus esfuerzos en incluir y amplificar las voces de lxs trabajadorxs sexuales dentro del movimiento, así como a combatir aquellos marcos legales que han demostrado ser perjudiciales para el ejercicio de sus derechos.

Hacemos un llamamiento a un movimiento feminista que sitúe la injusticia de género en relación con el patriarcado, el capitalismo, y la supremacía blanca de la sociedad, y que sea inclusivo con las personas trans y trabajadorxs del sexo. Nuestros sistemas penales son opresivos y, por ello, no creemos que el aumento de la vigilancia policial, la persecución o el encarcelamiento sean la única solución en contra de la violencia hacia las mujeres, las personas trans o la desigualdad de género. Creemos en la intervención comunitaria, en la organización a largo plazo y en la movilización contra la complejidad de las violencias hacia las mujeres y las personas trans, teniendo en cuenta las desigualdades económicas y la escasez de redes y servicios de protección social.

  1. Reconocemos a lxs trabajadorxs sexuales como expertxs en sus propixs vidxs y necesidades. El feminismo, como ha hecho históricamente, debe apoyar la agencia y la autonomía de las mujeres sobre su trabajo y su propio cuerpo. Lxs trabajadorxs sexuales no deberían ser una excepción.
  2. Respetamos la decisión de lxs trabajadorxs sexuales para dedicarse al trabajo del sexo. Como feministas, rechazamos las sentencias machistas según las cuales lxs trabajadorxs sexuales ‘venden sus cuerpos’ o ‘se venden a sí mismas’. Sugerir que la sexualidad implica deshacerse o perder una parte de una misma es profundamente antifeminista.  La sexualidad no empequeñece a las mujeres. Además, rechazamos cualquier análisis que sostenga que lxs trabajadorxs sexuales contribuyen a la cosificación de las mujeres, del sexo o de la intimidad. No consideramos a lxs trabajadorxs sexuales como culpables del mal hacia otras mujeres, sino en cambio al patriarcado y a otros sistemas de opresión.
  3. Afirmamos la capacidad de lxs trabajadorxs sexuales para dar su consentimiento. Afirmar que  no es posible consentir en el marco del trabajo sexual implica negar a lxs trabajadorxs sexuales la capacidad para determinar sus propios límites y para denunciar la violencia. Difundir la idea de que los clientes ‘compran’ los cuerpos de lxs trabajadorxs sexuales o su consentimiento – y que en consecuencia pueden hacer lo que quieren con unx trabajadorx sexual – tiene consecuencias peligrosas en la vida real de lxs trabajadorxs del sexo. Además, situar toda forma de trabajo sexual como violencia, puede conllevar a atacar al trabajo sexual como forma enfrentar la violencia, aún cuando, atacar al trabajo sexual signifique en realidad incrementar la vulnerabilidad de lxs trabajadorxs sexuales a la violencia.
  4. Defendemos la aplicación de medidas que generen una ayuda y apoyo reales a las víctimas de trata, con pleno respeto a la protección de sus derechos humanos y laborales. En consecuencia, denunciamos la equiparación de la migración, el trabajo sexual y la trata. Como resultado de esta equiparación, lxs trabajadorxs sexuales migrantes se convierten en uno de los principales objetivos del acoso policial, las redadas, las detenciones y las deportaciones, y son empujadas a entornos de trabajo clandestinos donde son más vulnerables a violencia y explotación.
  5. Luchamos para eliminar todas las formas de violencia en contra de lxs trabajadorxs sexuales. El trabajo sexual no es una forma de violencia sexual, sin embargo, las trabajadoras sexuales son especialmente vulnerables a la violencia sexual y a la violencia en el contexto afectivo debido a la criminalización y a las opresiones que a menudo interseccionan como el sexismo, la putofobia, la homofobia, la transfobia, el racismo y el clasismo. La opresión y criminalización hacia lxs trabajadorxs sexuales las vuelven vulnerables a la violencia por parte de personas, servicios sociales, cuerpos policiales, funcionarios de migraciones y operadores jurídicos. Referirse al trabajo sexual como inherentemente violento y negar la validez del consentimiento por parte de lxs trabajadorxs sexuales colabora a normalizar la violencia en su contra.
  6. Trabajamos diariamente para acabar con la misoginia en todas las esferas de la vida. La misoginia no es la causa del trabajo sexual, pero surge como respuesta a los actos de las mujeres y sus decisiones, ya sea la decisión de llevar maquillaje, interrumpir un embarazo o vender sexo. Situamos la misoginia como el problema, y rechazamos las voces que piden cambiar o eliminar aquellos comportamientos que ‘provocan’ reacciones misóginas. Defender la eliminación del trabajo sexual con el argumento de que éste impulsa la misoginia comporta estar de acuerdo con aquellos que afirman que algunas actuaciones de las mujeres – como la venta de sexo – merecen intrínsecamente una reacción misógina.
  7. Respetamos los derechos de las personas migrantes. Las mujeres migrantes se enfrentan a  acceso limitado al trabajo y frecuentemente a  un escaso o nulo acceso a la seguridad social. En ocasiones, las solicitantes de asilo apuestan por la venta de servicios sexuales como una de sus limitadas opciones para subsistir económicamente. La criminalización de los clientes, así como otras formas de criminalización del trabajo sexual ponen a lxs trabajadorxs sexuales migrantes bajo la constante amenaza de violencia policial, de sufrir arrestos y o ser deportadas, negando su derecho de acceso a la justicia y a la reparación. La criminalización de los clientes impide que obtengan ingresos, a la vez que no ofrece alternativas para sobrevivir.
  8. Apoyamos los derechos LGTB. El rechazo de las personas LGTB por parte de sus familias, los obstáculos para la educación y el empleo en las estructuras sociales cisexistas y heteronormativas, frecuentemente, generan que el trabajo sexual acabe siendo una de las pocas oportunidades económicas y de ocupación laboral para las personas LGTB, especialmente para las mujeres trans. Las leyes contra el trabajo sexual no benefician a las personas LGB y trans, ya que no responden a la complejidad de facetas de la marginación social. Es, particularmente, el caso de las mujeres trans, ya que las leyes que criminalizan el trabajo sexual son utilizadas para categorizar y perseguir a este colectivo, independientemente de si la persona es – o no – trabajadorx del sexo.
  9. Reivindicamos la completa despenalización del trabajo sexual. Hay evidencias contundentes de que el modelo sueco y todas las formas de criminalización del trabajo sexual perjudican al colectivo de trabajadorxs sexuales. El modelo sueco las empuja a la pobreza, reduce su poder de negociación con los clientes, las criminaliza por trabajar juntas buscando mayor seguridad, las desaloja, y las deporta. Al permitir a las trabajadorxs sexuales que se organicen como trabajadorxs, la despenalización reduce su vulnerabilidad frente a la explotación laboral y a la violencia.
  10. Denunciamos el aumento de la precarización del ámbito laboral. Históricamente, en las sociedades occidentales, bajo el régimen capitalista y patriarcal, el trabajo de las mujeres (trabajo doméstico, trabajo de cuidados, el trabajo sexual y el trabajo emocional) considerado ‘femenino’ ha sido infravalorado, infrapagado o completamente invisibilizado y no remunerado. Las mujeres en todo el mundo, incluyendo a lxs trabajadorxs sexuales, tienen empleos peor pagados y más inseguros: trabajan bajo condiciones de explotación – desde profesiones criminalizadas, estacionales y temporales hasta el trabajo del hogar, trabajo flexible y temporal, trabajo subcontratado, trabajo  como freelance o trabajo en condiciones de autoempleo. El trabajo sexual tiene similitudes con otros trabajos de cuidados, en el hecho de que principalmente se asocia a las mujeres, frecuentemente a mujeres migrantes o a mujeres de color. Lxs trabajadorxs del cuidado, como lxs trabajadorxs sexuales, no suelen disfrutar de los mismos derechos laborales que lxs trabajadorxs que ocupan empleos asociados a los hombres. Por ello, en la defensa de los derechos de lxs trabajadorxs del sexo se debe enfatizar sobre sus derechos laborales, para afrontar la precariedad de sus condiciones de trabajo y la explotación en la industria del sexo, y defender marcos legales que den poder a lxs trabajadorxs sexuales en tanto que trabajadorxs.
  11. Pedimos la inclusión de lxs trabajadorxs sexuales en el movimiento feminista. Su incorporación conlleva incuantificables puntos de vista, energías, diversidades y experiencias reivindicativas a nuestro movimiento y cuestiona nuestras conjeturas en relación al género, la clase y la raza. Lxs trabajadorxs sexuales fueron algunas de las primeras feministas del mundo, es una gran pérdida para nuestra comunidad no contar con ellas.
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